
Medios de comunicación radiofónicos y televisivos ya han comenzado la temporada de dar envidia al resto de España contando las virtudes de lo vacío que se queda Madrid en verano. Y es que el resto de españoles -aproximadamente unos cuarenta y dos millones de provincianos -no podemos apreciar ese estado.
Llega la temporada estival y los habitantes de la tórrida capital inician su éxodo por la península, fundando pequeñas colonias –también conocidas como “aquínotenéis”– que llenan de alegría y mestizaje las localidades pueblerinas que pueblan. Sin embargo aquellos que permanecen en julio y agosto en Madrid tratan de consolarnos contándonos las bondades de circular por el asfalto a 38º, sin atascos y, sobre todo, sin madrileños. Se calcula que durante este mes la población madrileña queda reducida a 376 personas, lo que permite acceder a sitios sin esas características colas para todo que inundan la capital.

Así lo piensa una presentadora de cadena SER durante una irrelevante sección de su programa: “Me da rabia tener que irme a los fiordos noruegos, con lo bien que estaba yo en la metrópoli con el alquitrán en las alpargatas”.







