
Un hombre solicitó el divorcio por causas gramaticales a los pocos días de contraer matrimonio. El hecho se produjo cuando el marido se percató de que la mujer era laísta.
Todo surgió al poco de llegar del viaje de novios. La ya ex-esposa le contó que a su madre la habían gustado mucho las fotos y que la dolían una muela, la cabeza y la barriga, aunque no precisó el orden.
Se da la circunstancia de que en España hasta ahora no existían abogados gramaticalistas, por lo que sienta un precedente en la judicatura española.
“Pensé de que sería un error, pero cuando regresemos de la luna de miel siguió hablando malamente . Si yo sería más tolerante lo aguantaría, pero no, bro”, se justifica el apesadumbrado cónyuge.
Por su parte, el académico Arturo Pérez Reverte ya ha calificado al matrimonio de soberanos gilipollas y felones a la Lengua.








