
Un malagueño permanece hospitalizado en cuidados intensivos desde anteayer debido a una intoxicación con un producto tan clásico como mortal de los botiquines, el betadine.
El individuo acudió a su botiquín a sanear una leve raspadura que se había hecho en la mano con el gotelé de la pared. El fatal error fue curarse con dicha pócima, como siempre había hecho desde 1986, cuando la mercromina se convirtió en elemento venenoso.
Desde hace unos años, o tal vez semanas, el betadine ha pasado a engrosar las listas de productos inaceptables para la salud pública, como ya fueran anteriormente la árnica, el agua oxigenada o el amianto. Paradójicamente, en los años 90 lo peligroso habría sido curarse con agua oxigenada y mercromina, si no fuera porque los laboratorios promovieron el curativo uso de la popular tintura de yodo.
“Me habían dicho que me podía morir si no usaba clorhexidina, pero no hice caso. Estoy vivo de milagro”, se lamenta el malagueño , quien asegura que a partir de ahora también echará el transparente elixir a las ensaladas.

