
Como cada fin de la Copa del Mundo de fútbol, Tiresias MacAllister Parera comienza los preparativos de cara al periodo de hibernación que tiene por delante.
Desde el mundial de 1978, este argentino se retira a una cueva construida por él mismo a base de dulce de leche y pasto en la que pasa cuatro años en estado de semiletargo a la espera del siguiente campeonato de fútbol.
Afirma que vive con tanta intensidad los mundiales que para reponerse debe retirarse del mundanal ruido, dejando al cargo de la educación de sus hijos y el trabajo a su esposa.
“Capaz, para lo que hay que ver” explica el aficionado con síntomas de somnolencia y un fuerte olor a vino.
Calcula que con las primeras lluvias de junio en 2030 volverá a desperezarse, con la clara determinación de ver a su selección, la argentina, esta vez sin avergonzarse.







