
Los padres de Orión Céspedes, un niño de dos años, llevan insistiendo desde hace tres en que su hijo posee altas capacidades. El colegio y las autoridades educativas sin embargo no se han hecho eco de los requerimientos, a toda vista justificados. La familia argumenta que con tan temprana edad el pequeño ya es capaz de caminar y emitir sonidos como “papa”, “mamá” y “aba” (agua). Además el pequeño Orión es capaz de establecer complejas clasificaciones, como diferenciar un lápiz de un Citröen o beber agua en vez de cartulina. Por ello reclaman al centro y a la Academia Sueca que se les entregue “un premio Nobel de Economía o lo que sea“, habida cuenta de dichos logros.
Tanto la maestra, doña Rebeca, como el director del colegio (Nuestra Señora de la Meretriz) argumentan que es imposible atender a los 476 alumnos cuyas famlias dicen que son de altas capacidades.







