
Una malagueña de 39 años falleció ayer durante una reunión de trabajo -en un instituto de Secundaria- por causas atribuidas a la deshidratación. Según todas las fuentes, la víctima siempre llevaba consigo un botellín metálico, bien en la mano, bien, en el bolsillo lateral de su mochila Arpenaz. Siempre menos en esta fatídica ocasión, en la que se olvidó el agua en el despacho contiguo.
El informe preliminar del forense determina que la mujer bebía entre 16 y 18 litros de agua al día. Para tan ingente cantidad de líquido precisaba de dos riñones del tamaño de sandía japonesa.
“La Botellines“, como también se la conocía, empleaba en tareas de llenado de botella y vaciado de vejiga tres cuartos de hora de su jornada laboral.
Los hechos se produjeron el pasado lunes, cuando Silvia Roncola asistió a una reunión convocada por el departamento de Orientación y cuya duración “no iba a sobrepasar los 180 minutos“. Un incomprensible olvido del preciado líquido desencadenó el fatal desenlace.
“Siempre saludaba”, recuerdan apenados sus compañeros de trabajo.







