
Helmut Parker, un vigués de 54 años y lampista de profesión, acaba de admitir que el espiritú navideño se le ha agotado apenas veinticuatro horas después del día de Navidad.
Las razones para justificar dicho comportamiento debemos encontrarlas en una forzada sonrisa, amabilidad falsa y un rechazo atávico a los langostinos, según palabras del propio afectado. Las autoridades sanitarias de Vigo ya han dispuesto un dispositivo preventivo por el cual se está investigando el motivo real de dicha actitud. El propio alcalde de la ciudad, Abel Caballero, considera que un ciudadano así debería ser, si no ejecutado, al menos apartado de la sociedad.
“No puedo explicarlo, es una sensación como de estar hasta los cojones de tanta luz y tanto villancico“, explica Parker, quien ya ha advertido a sus allegados que en breve volverá a asumir su carácter hosco y avinagrado por el que todos lo conocen.







