
Melvin Schrute es un turista norteamericano que tras visitar España, hace unos años, se quedó enamorado de La Alhambra de Granada. La visión de este monumento fue tan impactante para él que se le quedó hondamente grabada en la retina. Tal fue la impresión que lleva desde 2016 sin ver nada más que la fortaleza nazarí.
El singular caso, que ya ha reclamado la atención de oftalmólogos de todo el mundo y de Iker Jiménez, se manifiesta muy de vez en cuando y recibe el nombre de retinóculosis mnemotécnica. Sucede cuando un espectador desea mantener fresco un momento percibido, aprieta fuerte los ojos y se golpea tres veces los talones de sus zapatitos rojos. Según los expertos pueden ocurrir dos cosas: o bien que el individuo regrese a Kansas, o que se le quede grabada dicha imagen, concretamente entre la retina y la glándula de Meibomio.
La situación de Melvin es particularmente gravosa, ya que es ojeador de fútbol y la constante contemplación del conjunto patrimonio de la humanidad de La Alhambra merma sustancialmente sus destrezas laborales: “Llevo viendo ladrillo cara vista ocho años, no conozco a mis hijos y empiezo a estar un poco hasta los cojones”.







