
Casimiro Pérez Pueyo lleva presentándose a unas oposiciones para ser profesor de Secundaria desde 1978, pero esta vez algo le decía que iba a ser su año. Y en parte así así ha sido.
La semana pasada el aspirante se presentó a la convocatoria que el gobierno de Cantabria ofrecía: 56.000 candidatos para trece plazas, una oportunidad como pocas.
Perro viejo en estas lides, durante todo el año Casimiro se había preparado a conciencia, investigando a los miembros del tribunal, intimando con interinas de piernas interminables e incluso estudiando siete de los setenta y dos temas que entraban a examen. Se podía decir que esta vez estaba razonablemente preparado.
El día del examen, el sorteo, o tal vez el destino, hizo que una mano inocente sacase cuatro bolas de una saca, una de las cuales rezaba el número 37: “El debate historiográfico sobre la Revolución francesa”.
Nuestro protagonista maldijo su estampa; no había estudiado nada entre la caída de Constantinopla y las Guerras Carlistas, pero eso no lo arredró: tras dos horas de febril escritura, nuestro aspirante a profesor de Geografía e Historia entregó 18 folios a dos caras y sin márgenes, lo que dicho sea de paso, penaliza 0,2 puntos.
Días más tarde, Mariví Larrauri, presidenta del tribunal 11, tomó con pereza el grueso paquete de hojas y comenzó a leer. Lo que aquel manuscrito contaba no era un tema sobre la Francia revolucionaria sino una novela de escaso rigor histórico pero de una bellísima factura narrativa, como demuestran las primeras líneas del ejemplar:
“Jean Baptiste plantóse frente al portalón de La Bastilla, símbolo de opresión y oprobio. En una mano, los nudillos blancos, aferraba una horca con la ira acumulada durante toda una vida; en la otra una vara de avellano con la que tiempo atrás arreara sendos zurriagazos a Filemignon y Cosette cuando trataron de caparle el hurón.“
El examen pasó de mano en mano entre los miembros del tribunal. Las redes sociales y una sucesiva violación de la protección de datos hicieron el resto.
Random House ya se ha mostrado interesada en el malogrado examen y en ofrecerle a Pérez Pueyo la terminación de la obra por un suculento contrato. Pese a sonreírle la fortuna, el escritor en ciernes sólo piensa en volver a presentarse a las siguientes oposiciones, con el deseo de que por fin le caiga el tema 26, “Orígenes y desarrollo del feudalismo”.







