
Para un habitante de Groenlandia no hay nada más fascinante que la contemplación de la nieve durante once meses al año. Pero todo placer acaba normalizándose y más allá de esto, poco o nada entretiene a los nativos de esta isla de soberanía danesa.
Por eso últimamente los groenlandeses fantasean con la idea de incorporarse a EEUU, tal y como desea Donald Trump. Cree, y no sin razón, que Groenlandia se convertiría en una tierra llena de eventos fascinantes, tales como persecuciones de coches, abusos raciales o ver jugar un partido de beisbol al pequeño Bobby.
“Estoy hasta el moño de ver osos polares pasar delante de mi casa y no poder dispararle con una recortada, como hacen en Detroit” , se lamenta Larissa Enuukpalatarikinaak, ama de casa y cuyo máximo anhelo es asistir a una barbacoa antes de morir. De aburrimiento, por supuesto.







