
Llega el verano y con él los ocho meses de vacaciones de maestros y profesores. El merecido descanso entra, sin embargo, en discrepancia con la conciliación familiar, pues padres, madres y tutores se ven obligados a asumir el cuidado de sus hijos. ¿Educar o delegar en extraños?, el dilema está servido.
¿Educar o seguir delegando en extraños?, el dilema está servido.
El drama llega a cotas más altas si esos familiares no han estado vivos para delegar su responsabilidad a campamentos o abuelos, eso sí, desde la tutela telemática.
Es el caso de Jennifer Caraja, una madre malagueña: “Mi Dannarys está todo el día comiendo donetes y quitándome el aifon, tipo ¿Dónde hay un maestro cuando se le necesita para aguantar a nuestros hijos?”
Al igual que este caso, más de doce millones de parejas se ven abocadas durante las vacaciones de sus hijos a educar y alimentar a su progenie, lo que les impide tomar cubalibres o hacer vida de veinteañeros. Un fallo a añadir a la ristra de políticas erróneas de Pedro Sánchez.







