
Los asesores más íntimos de Donald Trump comienzan a tener ciertas reticencias acerca del conocimiento del idioma de su jefe. La sospecha se deriva de la insistente repetición de la palabra “aranceles” cada dos o tres frases que pronuncia el inquilino de la Casa Blanca. Desde enero de 2025 ha sido pronunciada por Trump exactamente 685.093 veces en actos públicos, y no menos de otras tantas en el ámbito de la intimidad.
El problema, explica con preocupación Sigourney Sarandon, jefa de gabinete, es que también emplea la palabra como una muletilla: “Cada vez que acude al baño dice que va a “a hacer unos aranceles”, o nos insiste en que en la NBA hay muchos aranceles de mierda. Nos da la impresión de que no sabe muy bien qué significa”.
Expertos lingüistas creen que se trata de un trastorno del habla conocido como síndrome del megalómano compulsivo, si bie se guardan de explicar el concepto dentro de las fronteras del país de las oportunidades.
En otras palabras, es como cuando un adolescente usa mucho la expresión “en plan” pero con consecuenca geopolíticas.







