
Llega septiembre, y con él, el fin de las vacaciones de maestros y docentes en general. Atrás queda abril, cuando las consejerías de Educación concedieron por calendario un merecido descanso a los profesionales de la enseñanza. Con el final de este periodo veraniego llega su principal cometido: asumir la responsabilidad de los padres pero sin reñir a sus hijos. Un delicado equilibrio entre el humanismo y el trauma infantil que se resuelve con grandes dosis de profesionalidad y buenismo.
Sigourney Botija, profesora de matemáticas desde 2025, asegura que siempre recibe el nuevo curso con ilusión, y se ha prometido que este año por fin realizará una programación didáctica conforme a ley. “Estos cuatro meses se me han pasado volando, pero no puedo quejarme, a no ser que me pongan guardias y alumnos con necesidades“, reconoce la docente.
Este curso que comienza, profesores y maestros volverá a estar en el punto de mira de padres y madres; familias que entregan a sus hijos de 9 de la mañana a 5 de la tarde y critican las vacaciones en corrillos a la puerta del colegio mientras fuman y se van a tomar café.
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