
El flamante presidente de la tierra de las oportunidades, Donald Trump, acaba de explicar cómo comenzó a amasar su fortuna en un pequeño y modesto garaje de la mansión familiar.
Como él, Elon Musk, Mark Zukerberg o Bill Gates también comenzaron en garajes sus proyectos omnímodos hasta convertirse en los ejemplos de humanidad que hoy todos admiramos.
En un desayuno informativo deslizó el secreto de su éxito, forjado a base de talento y una enorme red clientelar de contactos creada por el emporio inmobiliario de su familia: “Fue en ese pequeño garaje de mi padre, Fred Trump, rodeado de polvorientos Chevrolets Camaro y varios Ford Mustang, donde empecé a desarrollar mi idea de dominación mundial. Dios bendiga América”. No hay recetas mágicas: trabajo, pasión por un sueño y una influyente familia son la clave del éxito.
Millones de compatriotas norteamericanos no canadienses se ven reflejados en la figura del rico empresario en un país en el que cualquiera, convicto o no, puede ser presidente del gobierno.








